La vitamina D es una rareza en el mundo de la nutrición. No solo la obtenemos de los alimentos, sino que nuestro cuerpo es capaz de producirla cuando la piel se expone a la luz solar. Es, por tanto, la vitamina del sol por excelencia. Y su papel en la salud ósea es tan fundamental como silencioso: sin suficiente vitamina D, el calcio no se absorbe bien, los huesos se vuelven más frágiles y los músculos pueden doler sin causa aparente.
Con la edad, la capacidad de sintetizar vitamina D disminuye. A esto se suma que muchas personas pasan más tiempo en interiores, usan protección solar de forma constante o viven en lugares con poca luz durante largas temporadas. El resultado es una deficiencia extendida que, según la Organización Mundial de la Salud, afecta a millones de personas en todo el mundo, especialmente a mayores de 50 años.
El dolor óseo difuso, la debilidad muscular y esa sensación de piernas cansadas sin motivo pueden ser, precisamente, las señales de que los niveles de esta vitamina no son los adecuados.Continuar leyendo...
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