Hay dolores que se explican solos: una caída, un golpe, un esfuerzo fuera de lo común. Pero hay otros que llegan sin motivo aparente. Unas punzadas en la rodilla al despertar, una sensación de pesadez en las piernas que no responde al descanso, un malestar sordo en los huesos que va y viene. Dolores que no duelen lo suficiente como para correr al médico, pero que tampoco se van del todo. Y que, con el tiempo, se convierten en compañeros silenciosos de la vida cotidiana.
Si esto te suena familiar, quizá tu cuerpo esté intentando decirte algo: que le falta sol. O, más concretamente, vitamina D.
La vitamina que se fabrica con la piel desnudaContinuar leyendo...
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