« No sirvo para nadie, pero puedo amar a sus hijos. »

Luego miró a Rocío.

— Y yo también.

No habló bonito. No prometió nada. Solo dijo la verdad:

— Te amo. No porque nos hayas salvado. Sino porque te quedaste cuando podías haberte ido.

El día de la audiencia, Rocío estaba sentada en el banco, con las manos juntas sobre las rodillas.

No se defendió: estaba dispuesta a aceptar cualquier decisión, incluso la más dolorosa.

Pero cuando el juez le preguntó a Emilia si quería decir algo, la niña se levantó.

No lloró.Continuar leyendo...

« Previa Próxima »

Recent Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *