Mientras pedía comida en una boda lujosa, un niño se quedó paralizado al reconocer a la novia como su madre perdida desde hacía mucho tiempo. La decisión del novio hizo llorar a todos los invitados.

Iktan dio las gracias y empezó a comer, mirando hacia el interior.

La música de mariachi, los trajes elegantes, los vestidos brillantes.

Pensó en silencio:

¿Mi mamá vivirá en un lugar así…
o será pobre como yo?

Entonces, la voz del maestro de ceremonias resonó:

—¡Con ustedes… la novia!

La música cambió.
Todas las miradas se dirigieron a la escalinata adornada con flores blancas.

Y allí apareció ella.

Con un vestido blanco impecable, sonrisa serena, el cabello negro largo cayendo en suaves ondas.
Hermosa, radiante.

Pero Iktan se quedó congelado.

No fue su belleza lo que lo paralizó…
sino la pulsera roja en la muñeca de la novia.

Era idéntica.Continuar leyendo...

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