El respeto sí lo fue.
No me fui para castigarla.
Me fui para enseñarle que el amor no se hereda, se honra.
Y cuando llegue el día en que deba dejar este mundo, no huiré.
Me voy sabiendo que nunca fui una carga.
Fui una mujer que, a los setenta, tuvo el coraje de elegirse a sí misma.
Y eso…
No tiene precio.
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