Este efecto también influye en la sensación de saciedad. La expansión del gel dentro del estómago estimula mecanorreceptores que envían señales al cerebro indicando plenitud. Esto puede contribuir a un mejor control del apetito durante las horas posteriores, especialmente cuando forma parte de una alimentación equilibrada.
A nivel intestinal, la fibra de la chía actúa como sustrato para la microbiota. Las bacterias beneficiosas fermentan parte de esta fibra, produciendo ácidos grasos de cadena corta que apoyan la integridad de la mucosa intestinal y modulan la inflamación de bajo grado. Un entorno intestinal más equilibrado puede influir positivamente en procesos metabólicos y en la regulación del sistema inmunológico.
Las semillas de chía también aportan ácidos grasos omega-3 de origen vegetal, principalmente ácido alfa-linolénico (ALA). Estos lípidos participan en la modulación de procesos inflamatorios y pueden contribuir al mantenimiento de la salud cardiovascular cuando se consumen dentro de un patrón dietético adecuado.Continuar leyendo...
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