Además, cuando una mujer decide no apartarse de Dios, incluso en los días más ocupados, su vida empieza a transformarse desde adentro. La fe influye en la forma de enfrentar los problemas, de tomar decisiones y de relacionarse con los demás. Se aprende a confiar más, a soltar aquello que no se puede controlar y a vivir con mayor serenidad. Llamar a Dios no elimina las dificultades, pero sí cambia la manera de atravesarlas. Es un recordatorio constante de que siempre hay una guía, una presencia que escucha y acompaña. Por eso, aunque el tiempo parezca no alcanzar y las responsabilidades sean muchas, dedicarle un momento a Dios es un regalo para el alma. Amén es más que una palabra final; es una afirmación de fe, esperanza y amor que sostiene el corazón femenino día tras día.Continuar leyendo...
Mujer, aunque estés ocupada, nunca olvides llamar a Dios desde tu corazón…
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