—Regreso tarde —dijo, ajustándose el saco.
—Está bien —respondí.
Esperé a escuchar cómo su coche se alejaba.
Entonces me senté en la mesa del comedor, rodeada de papeles, recuerdos, años.
Respiré hondo.
Por primera vez en mucho tiempo, el silencio de la casa no era vacío.
Era un espacio.
Un espacio que todavía no sabía cómo llenar.
Pero que, al menos ahora, me pertenecía.
Y esa pequeña sensación…
Era el comienzo de algo que aún no tenía nombre.Continuar leyendo...
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