Desde fuera, mi esposo James parecía la pareja ideal. Era responsable con el dinero y las tareas del hogar. Estaba atento a mis necesidades y sentimientos. Demostraba ambición en su carrera y en nuestro futuro en común. Mis amigos envidiaban lo que percibían como nuestra relación perfecta.
Vivíamos cómodamente en una casa espaciosa en una de las zonas más prestigiosas de la Ciudad de México. Los fines de semana, disfrutábamos de desayunos tranquilos en cafeterías de Polanco, paseábamos por el emblemático Paseo de la Reforma y hacíamos planes para nuestro futuro como cualquier pareja estable y exitosa de la clase media-alta de la capital.Continuar leyendo...
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