Juan Gabriel Miró al Público y Bajó la Voz — Ese Gesto Nunca se Repitió

Pasado mañana viaja a Los Ángeles para grabar un programa de televisión. Pero esta noche es para la ciudad de México, para su gente, para quienes lo han seguido desde el principio. El concierto empezó a las 9 de la noche, ahora son las 10. Juan Gabriel ha cantado 15 canciones sin parar, sin descanso, una tras otra.

El público canta con él cada canción, cada palabra. Algunos lloran, otros ríen, todos sienten. Juan Gabriel viste un traje blanco, completamente blanco. Saco, pantalón, zapatos. Hasta el pañuelo en el bolsillo es blanco. Brilla bajo las luces del escenario. Parece un ángel o un santo, algo no terrenal. Acaba de terminar de cantar hasta que te conocí.

El público aplaude, grita, pide más. Siempre piden more. Juan Gabriel camina hacia el centro del escenario, toma el micrófono de su soporte, lo sostiene con ambas manos, se queda ahí parado, quieto, mirando al público. La orquesta empieza a tocar los primeros acordes de la siguiente canción. Querida, una de sus canciones más conocidas.

El público reconoce la melodía inmediatamente. Empieza a aplaudir, a gritar, listos para cantar con él. Pero Juan Gabriel no canta, solo sostiene el micrófono mirando. Pasan 5 segundos, 10, 15. El público se da cuenta de que algo está pasando. Los gritos se callan, los aplausos se detienen. Solo queda la música, la orquesta tocando, esperando que Juan Gabriel empiece a cantar.

Pero él no canta, solo mira sus ojos. Recorren el auditorio de izquierda a derecha. de adelante hacia atrás, como si estuviera buscando algo específico, como si supiera que algo está ahí, pero no puede encontrarlo todavía. 30 segundos. La orquesta sigue tocando. El director musical mira a Juan Gabriel con confusión. Olvidó la letra.

Se siente mal. ¿Qué está pasando? Juan Gabriel finalmente levanta la mano. Un gesto pequeño pero claro. La orquesta se detiene. El silencio es inmediato. Total 10,000 personas conteniendo la respiración. Juan Gabriel baja el micrófono, lo sostiene a la altura de su pecho, no de su boca. Empieza a hablar, pero no con la voz que usa para cantar.

No con la voz que proyecta a las últimas filas. Con una voz baja, suave. Casi un susurro. La gente en las primeras filas puede escucharlo claramente. Los de en medio tienen que esforzarse. Los de atrás apenas captan palabras sueltas. Pero todos se quedan quietos. Todos intentan escuchar. Perdonen que detenga el show, dice Juan Gabriel.

Su voz suena diferente, vulnerable, real. Sé que vinieron a cantar, a bailar, a olvidarse de sus problemas por unas horas. Y lo vamos a hacer, se los prometo. Pero antes necesito decir algo. Pausa. El silencio es tan profundo que se puede escuchar a alguien tosiendo en el balcón superior. Llevo cinco noches cantando aquí.

50,000 personas me han visto esta semana. He cantado las mismas canciones, hecho los mismos movimientos, he dicho las mismas palabras. Es mi trabajo, es lo que hago y lo amo. Otra pausa. Juan Gabriel mira hacia abajo al piso del escenario. Pero esta noche, mientras cantaba, vi algo que me detuvo. Vi algo que no había visto en las otras cuatro noches.

Levanta la vista, mira hacia la sección central del auditorio. Filas 15 a 20 más o menos. Vi a una pareja. No sé quiénes son. No sé sus nombres, pero los vi y lo que vi me recordó algo que había olvidado. Juan Gabriel camina lentamente hacia el borde del escenario. Se agacha como si quisiera estar más cerca del público, más al nivel de ellos.

La pareja está sentada ahí en el centro. Él debe tenerunos 60 años, ella tal vez 55. No estoy seguro. No importa. Lo que importa es que él está en silla de ruedas y ella está sentada junto a él. Y durante todo el concierto, ella ha estado sosteniéndole la mano. Algunas personas en el público empiezan a buscar con la mirada tratando de identificar a la pareja, pero Juan Gabriel levanta la mano. No los busquen.

No es para eso que lo digo, es para otra cosa. Se incorpora un poco, todavía en cuclillas en el borde del escenario. Hace un rato, cuando canté Amor eterno, vi que ella lloraba y él también. Pero lo que me llamó la atención no fue que lloraran. Mucha gente llora con esa canción. Yo también lloro a veces cuando la canto. Sonríe ligeramente.Continuar leyendo...

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