Mi esposo, Julián, me había llamado temprano desde el aeropuerto.
—Ya voy a abordar —me dijo con esa voz cansada que siempre usa cuando viaja—. Voy a estar muy ocupado, pero te marco en la noche.
—Cuídate —le respondí—. No trabajes tanto.
Lo de siempre.
La misma rutina de los últimos quince años.
Viajes.
Proyectos.
Reuniones que nunca terminaban.
Yo ya estaba acostumbrada a despedirme más por teléfono que en persona.
Nunca pensé que esa llamada sería distinta.
A media tarde recibí un mensaje de mi amiga Clara. Su hija me avisó que la habían internado de emergencia por una infección pulmonar. Nada grave, según los médicos, pero necesitaba quedarse en observación unos días.
Clara y yo somos amigas desde la preparatoria. De esas amistades que sobreviven matrimonios, mudanzas, hijos y crisis. No podía no ir.
Pasé a comprarle unas flores y me dirigí al hospital.
Un hospital privado, de esos que huelen demasiado a desinfectante y silencio.
El elevador tardó una eternidad.Continuar leyendo...
Recent Articles
La tarta «atrae visitas» ¡Sin harina de trigo! ¡Húmeda, esponjosa, fácil de hacer y genial para servir en café!
Le hice a mi hija un vestido con los pañuelos de seda que había guardado de su madre… cuando alguien se burló, no imaginaba lo que ocurriría después.
1 hoja destruye los dolores reumáticos, artritis, golpes y lesiones. Reduce molestia de pierna.