Con propósito.
Con estabilidad.
Con un futuro.
Sacó el celular y envió un mensaje corto a Alejandro:
“Gracias por observar.”
La respuesta llegó minutos después:
“No. Gracias por enseñarme.”
Valeria guardó el teléfono y siguió caminando.
Porque entendió algo que ningún contrato podía garantizar:
Las oportunidades verdaderas no llegan cuando todo sale perfecto.
Llegan cuando eliges hacer lo correcto… incluso si parece que estás perdiendo.
Y ese día, frente al reloj marcando 9:52, no perdió una entrevista.
Ganó una vida nueva.