Antes de siquiera hablar de la carne, debemos considerar su entorno: el congelador. Con demasiada frecuencia, se lo considera una simple cámara frigorífica, cuando en realidad requiere mínima atención. ¿La regla de oro? Una temperatura estable, idealmente de -18 °C o inferior. Cuanto más estable sea la temperatura, mejor conservará la textura y el sabor de los alimentos.