Es un gesto casi automático: pelar un plátano, disfrutar de su dulce pulpa y lanzar la cáscara al cubo de la basura. Sin embargo, este acto reflejo nos hace desaprovechar una de las partes más versátiles y valiosas de la fruta. La próxima vez, detente y reconsidera, porque esa cáscara que piensas desechar es un auténtico tesoro doméstico con aplicaciones sorprendentes que abarcan desde el jardín hasta la cosmética casera.