Fue en ese preciso instante que el matador pronunció sus últimas palabras. Sacado de la arena, con el rostro marcado por el dolor, pero aún lúcido, comprendió lo que le sucedía. Según varios testigos, su voz era débil, pero sus palabras eran inquietantemente claras.
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Según se informa, dijo: “Date prisa, me estoy muriendo”.
Una frase sencilla y directa, sin énfasis. Sin embargo, hiela la sangre. Estas palabras, pronunciadas sin aparente pánico, transmiten una lucidez poco común ante la muerte inminente. Otro relato menciona una segunda frase, susurrada en un susurro: «Siento que mi cuerpo me abandona».
En ese momento, el matador ya no toreaba. Luchaba contra el tiempo. Los servicios de emergencia hicieron todo lo posible por mantenerlo con vida durante el traslado al hospital. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, su estado empeoró rápidamente. Sufrió dos paros cardíacos antes de llegar.Continuar leyendo...