Una de las bacterias más estudiadas en este contexto es Porphyromonas gingivalis, un microorganismo asociado con la periodontitis crónica. Esta bacteria puede liberar toxinas llamadas gingipainas, capaces de dañar tejidos y provocar respuestas inflamatorias en diferentes partes del cuerpo. Diversos estudios han detectado rastros de estas toxinas en tejido cerebral, lo que ha despertado gran interés en la comunidad científica.
El vínculo entre la salud oral y el cerebro se explica en gran parte por la inflamación sistémica. Cuando el sistema inmunológico responde a infecciones bacterianas en las encías, libera moléculas inflamatorias que pueden viajar por la sangre y afectar otros órganos. El cerebro es particularmente sensible a este tipo de procesos inflamatorios prolongados.Continuar leyendo...
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