En nombre de la detección temprana, millones de mujeres hacen fila cada año para un procedimiento que, según les han dicho, les salvará la vida: la mamografía.

📡 ¿Qué es lo que haces, verdad?
Una mamografía es una imagen de rayos X de baja dosis de la mama que intenta identificar masas anormales, calcificaciones o cambios estructurales que podrían indicar cáncer.
Durante el procedimiento:
• El pecho está comprimido fuertemente entre dos placas.
• La radiación de rayos X pasa a través del tejido.
• Las áreas más densas (como tumores o calcificaciones) aparecen como manchas blancas.
📌 Esta compresión puede resultar físicamente incómoda, especialmente para mujeres con tejido sensible, mamas fibroquísticas o implantes. En algunos casos, esta presión mecánica puede incluso causar hematomas o dañar estructuras delicadas.
Es una prueba mecánica y estructural que, si bien puede detectar un bulto sospechoso, no puede diagnosticar cáncer por sí sola. Solo puede identificar una anomalía. Se requieren pruebas adicionales (generalmente biopsia, ecografía o resonancia magnética) para confirmar la malignidad.

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