Desde el punto de vista médico, no existe un único ni universal “olor de la muerte”. Los especialistas coinciden en que no se trata de una señal exacta ni de un indicador que permita predecir el momento del fallecimiento. Sin embargo, durante enfermedades avanzadas o situaciones de fallo orgánico, el cuerpo atraviesa una serie de cambios fisiológicos que pueden modificar el olor corporal y el ambiente inmediato. Estos cambios no anuncian un final inminente, sino que reflejan que el organismo ya no funciona de la misma manera que antes.

Uno de los procesos más mencionados es la alteración del metabolismo. Cuando órganos clave como el hígado o los riñones disminuyen su capacidad de filtrar y eliminar toxinas, ciertas sustancias comienzan a acumularse en el organismo. Parte de estos compuestos puede liberarse a través del aliento, la piel o los fluidos corporales, generando aromas inusuales. Algunas personas los describen como dulzones, metálicos o simplemente distintos a los olores habituales del cuerpo humano.Continuar leyendo...
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