Además, para poder respirar, tienes que girar el cuello hacia un lado, y eso genera tensión en la zona cervical. Con el tiempo, esto puede derivar en contracturas, dolores de cuello persistentes e incluso mareos.
Presión interna y respiración afectada
Cuando duermes boca abajo, el peso del cuerpo cae sobre el pecho y el abdomen, lo que dificulta respirar profundo. Si tienes problemas respiratorios o del corazón, esta postura puede empeorar la situación. Incluso se ha relacionado con un aumento de los ronquidos y de la apnea del sueño.
