Y quizás también sea un recordatorio para nosotros mismos. Cada día, con pequeñas cosas, revelamos nuestro propio carácter. Ya sea que mostremos paciencia en el consultorio médico, gratitud al cajero o amabilidad con un vecino, somos ejemplos vivos de los valores que más apreciamos.
En esencia, el carácter se basa en el amor, la humildad y la resiliencia. No se construye de la noche a la mañana, ni se revela en discursos ni títulos. Resplandece silenciosamente, en la paciencia mostrada a un desconocido, en la bondad ofrecida sin esperar nada a cambio y en la calma que nos sostiene ante las inevitables tormentas de la vida.
Para quienes deseen comprender verdaderamente a los demás, y a sí mismos, recuerden la sabiduría de Jung: no se fijen solo en lo que la gente dice o muestra. Observen lo que hacen cuando nadie los ve y cómo se comportan cuando el camino se pone difícil.
Ahí es donde verás la verdad.Continuar leyendo...
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