Tu reloj interno también se adelanta. Puedes sentir sueño antes por la noche y despertarte muy temprano por la mañana. El sueño se vuelve más ligero y fragmentado, con despertares frecuentes durante la noche, aunque no siempre los recuerdes.
Esto no significa que el sueño sea peor, solo diferente. Intentar forzar las viejas rutinas suele provocar insomnio y frustración. Tu cuerpo simplemente está funcionando a un nuevo ritmo.
4. La regulación de la temperatura se debilita.
La capacidad del cuerpo para gestionar el calor y el frío disminuye.
Las neuronas cerebrales que detectan la temperatura disminuyen, la piel se adelgaza y el metabolismo genera menos calor interno.
Como resultado, los adultos mayores suelen sentir frío cuando otros están cómodos o se acaloran con mayor facilidad. Las señales de sed, escalofríos o sobrecalentamiento también se vuelven menos fiables, lo que aumenta el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor o hipotermia.
La tolerancia general a los cambios de temperatura disminuye notablemente.