La artrosis suele relacionarse con el envejecimiento, aunque no es una consecuencia inevitable de la edad. Factores como el exceso de peso, lesiones previas, sobrecarga repetitiva o alteraciones estructurales pueden acelerar su desarrollo. A diferencia de la artritis, el dolor de la artrosis se intensifica con la actividad física —por ejemplo, al caminar largas distancias, subir escaleras o cargar objetos— y mejora claramente con el descanso. Además, muchas personas refieren crujidos articulares o sensación de fricción al mover la zona afectada.
Estas diferencias no son menores, ya que el enfoque terapéutico cambia de forma significativa según el diagnóstico. En la artritis, el objetivo principal es controlar la inflamación y modular la respuesta del sistema inmunológico. Para ello pueden indicarse antiinflamatorios, fármacos específicos que modifican la evolución de la enfermedad o tratamientos biológicos en casos determinados. El seguimiento por parte de un especialista en reumatología suele ser fundamental para evitar daño progresivo.Continuar leyendo...
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