A veces se quedaba hasta tarde en la escuela para tocar la guitarra con sus amigos, o se iba al parque para pasar el rato hasta que oscurecía.
Siempre me enviaba un mensaje de texto cuando hacía eso, pero tal vez su teléfono estaba muerto.
Me dije a mí misma que mientras preparaba la cena, mientras comía sola, mientras lavaba los platos, dejé su plato en el horno.
Pero cuando el sol se puso y su habitación todavía estaba vacía, ya no pude ignorar la sensación de que algo andaba mal.