Este tipo de transición interior no es algo que temer. No es repentina, dramática ni inquietante por naturaleza. Más a menudo, se desarrolla lentamente, como la luz del atardecer que se suaviza al final de un largo día. El cuerpo continúa con sus rutinas, pero el mundo interior se vuelve más tranquilo, más claro y más reflexivo. Lo que antes exigía atención comienza a sentirse menos urgente, mientras que lo que realmente importa se enfoca gradualmente.
A continuación se presentan siete señales que suelen asociarse con esta transición interior más profunda. No son advertencias ni predicciones. Más bien, reflejan una etapa natural de consciencia que muchas personas experimentan en su búsqueda de significado, paz y plenitud emocional.Continuar leyendo...
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