El verdadero peligro es cuando esa infección no se queda en la boca. Las bacterias pueden pasar a la sangre y viajar por el cuerpo, provocando una condición grave llamada sepsis. Ahí ya estamos hablando de hospitalización, antibióticos fuertes, cuidados intensivos… y sí, riesgo de muerte. Personas con defensas bajas, como adultos mayores o quienes tienen diabetes, son aún más vulnerables.
Más allá del susto, una carie también puede hacerte la vida difícil: comer se vuelve doloroso, hablar cuesta trabajo, y hasta el ánimo baja por el mal aliento o la incomodidad constante.
