Mi mamá encontró esto en el cajón de mi papá… ¿Es lo que siempre he temido?

Un peso, no solo físico, sino emocional. En el momento en que mis dedos lo apretaron, algo cambió. Surgieron recuerdos que no parecían recuerdos en absoluto: fragmentos, sensaciones, impresiones que no me pertenecían, pero que sentía inquietantemente cerca. Sentí una opresión en el pecho. Me zumbaba la cabeza, como si algo me hubiera despertado.

No podía distinguir si estaba recordando algo real o imaginando lo que siempre había temido.

Miré a mi madre, y ella me devolvió la mirada sin decir palabra. Ambos comprendimos que, fuera lo que fuese, no era solo algo que mi padre poseía. Era algo que llevaba consigo: algo que lo moldeó, lo agotó, quizá incluso lo definió.

El cajón estaba cerrado de nuevo.
La caja estaba cerrada con llave.

Pero el miedo no regresó al lugar de donde vino.

Porque una vez que algo oculto se ve, nunca puede dejar de verse por completo.

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