—Es mejor que usted vea esto sola.
Tomé el teléfono en mis manos. Al principio, solo miré la pantalla, sin comprender el significado. Luego lo leí de nuevo.
El mensaje era de un contacto desconocido. En lugar de nombre — un ícono de corazón.
“Te estoy esperando hace veinte minutos. ¿Cuándo vienes? ¿La esposa te retuvo otra vez?”
En ese instante, algo dentro de mí se rompió.
No era yo.