Busqué información en línea y encontré muchas teorías, desde coincidencias inocentes hasta posibles señales de peligro. Ninguna era concluyente. Me di cuenta de que lo más seguro era ser precavido. Adopté la costumbre de retirar cualquier objeto desconocido de mi auto, estar atento a mi entorno y confiar en mis instintos.
Ahora, permanezco observador y consciente. Ese pequeño trozo de cuerda me recordó que la atención a los detalles, incluso los más pequeños, es una de las formas más fuertes de protegerse.