Más que un naufragio, el Titanic se ha convertido en un símbolo universal: el de los sueños humanos, el de los destinos destrozados, el de los encuentros que nunca se producirán y el de la increíble fascinación que este transatlántico sigue ejerciendo sobre todos nosotros.
Porque, aunque el océano puede absorber rastros físicos, nunca logra tragarse las historias.