Durante mi turno nocturno, trajeron inconscientes a mi esposo, a mi hermana y a mi hijo de tres años. Cuando intenté correr hacia ellos, un colega médico me detuvo en silencio.
—No deberías verlos ahora.
Con la voz temblando, pregunté:
—¿Por qué?
El doctor bajó la mirada y dijo:
—Te explicaré todo cuando llegue la policía.
Durante mi guardia nocturna en urgencias, todo cambió en un solo instante devastador. Acababa de terminar de revisar a un paciente politraumatizado cuando la voz del altavoz resonó por el pasillo:
—Código azul en camino: tres víctimas de accidente en carretera. Hombre adulto, mujer adulta, niño pequeño.
Había enfrentado incontables emergencias a lo largo de mi carrera, pero cuando las camillas irrumpieron por las puertas, mi mundo entero se derrumbó.
Mi esposo, Daniel.
Mi hermana, Mariana.
Y mi hijo de tres años, Mateo: inconsciente, pálido, inmóvil sobre sábanas manchadas de sangre.

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