Cada noche, tu cerebro pasa por varias etapas del sueño, y cada ciclo completo dura entre 90 y 120 minutos. Al principio de la noche, duermes más profundamente, lo que ayuda a tu cuerpo a recuperarse y recargarse. Pero a medida que avanza la noche, entras en fases más largas de sueño REM, la etapa en la que sueñas y tu cerebro procesa emociones y recuerdos.
El sueño REM también es cuando tu cerebro se vuelve más activo, por lo que las primeras horas de la mañana (entre las 3 y las 5 de la mañana) son el momento ideal para despertares inesperados. Tu mente podría estar procesando emociones acumuladas o pensamientos inconclusos del día.
¿Y si llevas un tiempo sin descansar? Esa falta de sueño de calidad empieza a acumularse. Una mala noche puede llevar a otra, como una avalancha de falta de sueño que cobra fuerza. Cuanto más cansado estás, más difícil se vuelve dormir bien. Es un ciclo frustrante, pero hay ciencia que lo respalda.
Tu cronotipo podría ser el culpable
No todos tenemos el mismo reloj interno. Algunas personas están programadas para madrugar y sentirse despiertas por la mañana (alondras), mientras que otras no alcanzan su ritmo hasta bien entrada la noche (noctámbulas). Estas tendencias se conocen como cronotipos y están influenciadas en gran medida por la genética.
Aquí está el giro: a la vida moderna no le importa tu cronotipo. La sociedad suele favorecer a los madrugadores: piensa en reuniones de trabajo temprano, dejar a los niños en la escuela o hacer ejercicio por la mañana. Si eres un noctámbulo por naturaleza, pero te ves obligado a seguir una rutina matutina, tu cuerpo podría rebelarse. Despertarse a las 3 de la madrugada podría ser la forma en que tu sistema protesta contra lo que los científicos llaman jet lag social: el desajuste entre tu ritmo biológico y tu horario diario.
Lo que tus despertares a las 3 AM podrían estar diciéndote
Tras meses de registrar estos despertares, muchas personas notan un patrón. Suelen ocurrir después de días particularmente estresantes, noches dedicadas al teléfono o momentos en los que han ignorado la necesidad de descansar.
La ciencia lo respalda. El estrés provoca un aumento de los niveles de cortisol, lo que puede afectar la capacidad para conciliar el sueño y permanecer dormido. Pero no solo se trata de estrés. Estas interrupciones matutinas también pueden indicar:
Deficiencia de sueño: Si no descansas lo suficiente con regularidad, tu cuerpo se adapta, a menudo modificando la forma en que pasas por las etapas del sueño.
Cambios en el azúcar en sangre: Saltarse la cena o picar algo tarde puede alterar los niveles de azúcar en sangre, lo que puede despertarte inesperadamente.
Confusión del ritmo circadiano: Trasnochar o despertarte demasiado temprano puede descontrolar tu reloj interno.
Cambios hormonales: Especialmente durante la menopausia u otras transiciones de la vida, los cambios hormonales pueden hacer que el sueño sea impredecible.
El mito de recuperar el sueñ
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