“Esto es absurdo.”
“Es por precaución.”
Le lanzó a Lucía una última mirada, con rabia mezclada con incredulidad.
“No has ganado.”
Ella le sostuvo la mirada.
“Nunca fue una competencia.”
En los días siguientes, sus pruebas siguieron mejorando. Los hallazgos internos revelaron influencias inapropiadas y solicitudes fuera del protocolo. El nombre de Alejandro apareció repetidamente en decisiones que no le correspondían.
El asunto fue remitido a las autoridades.
Lucía, aún débil, pero cada día más fuerte, logró sentarse erguida sin ayuda. Carmen estaba a su lado.
“Hemos progresado”, dijo Carmen con suavidad.
Lucía negó con la cabeza.
“Esto es solo el principio.”
No se trataba solo de su salud. Se trataba de recuperar su voz, su independencia, sus finanzas, su dignidad. Alejandro había confiado en su silencio y vulnerabilidad. Creía que las apariencias bastaban para protegerlo.
La subestimaba.
Una mañana radiante, la luz del sol se filtraba por la ventana mientras Lucía recibía la confirmación oficial: Alejandro estaba siendo investigado por presunta interferencia médica con motivos financieros.
Carmen dejó el documento en la mesita de noche.
“Está preocupado”, dijo en voz baja.
Lucía miró la ciudad que se movía afuera.
“Yo también”, respondió. “La diferencia es que… aprendí.”
Respiró hondo.
El aire se sentía diferente ahora.
La habitación estaba en silencio.
Pero ya no era el silencio de la derrota.
Era el silencio antes de un nuevo comienzo.