Perdí mi título laboral, pero lo que gané fue mucho más valioso.

El peso que había cargado toda la semana se había ido de repente.

Lo que parecía un revés hace solo unos días, ahora se sentía como libertad.

Un nuevo comienzo
Unos días después, comencé un nuevo trabajo.

Esta vez, mi experiencia no fue algo fácil de reemplazar.

Fue valiosa.

Mirando hacia atrás, me di cuenta de algo importante.

Perder ese trabajo no fue el final de mi historia.

Fue simplemente el tranquilo comienzo de algo mejor.

Por un segundo, me quedé mirando la pila.

Informes que requerían horas de trabajo.

Informes que le facilitarían la primera semana a alguien.

Pero no discutí.

Simplemente asentí, recogí las carpetas y salí de la oficina con dos cosas:

Una caja de cartón con mis pertenencias.

Y un torrente de emociones que me negaba a mostrar.

Una semana de reflexión silenciosa
Las carpetas estuvieron en la mesa de mi cocina toda la semana.

Cada vez que pasaba junto a ellas, sentía que el mismo debate interno se repetía.

Una parte de mí quería completarlas a la perfección: una última prueba de mi fiabilidad.

Pero otra parte seguía haciéndome una simple pregunta:Continuar leyendo...

Próxima »

Recent Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *