Desesperado ante una cena crucial, el dueño de un hotel le pidió a una de sus criadas que se hiciera pasar por su esposa y guardara silencio. Pero la joven, “común y corriente”, hizo algo que dejó atónitos a todos en la mesa.

En un momento de desesperación, el dueño de un hotel necesitaba una mujer que se hiciera pasar por su esposa para una cena crucial con inversores.

Sin tiempo que perder, eligió a una de sus doncellas y le ordenó que se sentara en silencio, sonriera y no dijera nada. Lo que sucedió esa noche dejó atónitos a todos en la mesa.

El hotel estaba en apuros. La temporada había sido desastrosa, las habitaciones estaban vacías y los acreedores rondaban por todas partes. Mientras estaba sentado en su oficina revisando sombríos informes financieros, sonó el teléfono. El número internacional le revolvió el estómago.

Fueron los mismos inversores árabes quienes financiaron la renovación del hotel.

Los saludó con fluidez en árabe. La conversación fue breve y directa.

Cenamos esta noche. Los esperamos a usted y a su esposa.Continuar leyendo...

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