Con el tiempo, el amor deja de ser una búsqueda y se convierte en un lugar de descanso. Después de los 60, muchos hombres ya no están interesados en impresionar ni en ser impresionados. Han vivido plenamente—amado profundamente, perdido dolorosamente y aprendido en silencio. A partir de esa experiencia vivida, sus prioridades cambian de manera significativa.